Perfeccionismo y ansiedad: cuando exigirte más te paraliza (y qué hacer desde la terapia de aceptación y compromiso)

¿Alguna vez has sentido que, por mucho que hagas, nunca es suficiente? ¿Que empezar algo nuevo te genera una tensión difícil de explicar, como si el miedo a hacerlo mal pesara más que las ganas de intentarlo? Si es así, puede que el perfeccionismo esté jugando un papel importante en tu nivel de ansiedad.

En consulta, en San Antonio de Benagéber y en las sesiones online, veo con frecuencia personas muy capaces, muy comprometidas, que sin embargo viven con una sensación constante de que no llegan. Que se exigen muchísimo y aun así se sienten insuficientes. Que posponen, se bloquean o se agotan. No por falta de esfuerzo, sino precisamente por exceso de exigencia.

Este artículo es para ellas.


¿Qué es realmente el perfeccionismo?

El perfeccionismo no es querer hacer las cosas bien. Eso es sano y adaptativo. El perfeccionismo problemático es algo distinto: es la creencia, muchas veces implícita, de que tu valor como persona depende de tu rendimiento, y que cualquier error o imperfección es una amenaza real.

Desde esta lógica, el cerebro interpreta equivocarse como un peligro. Y cuando el cerebro detecta peligro, activa la ansiedad.

Por eso el perfeccionismo y la ansiedad van tan a menudo de la mano: no es casualidad, es una relación directa. La autoexigencia extrema es, en muchos casos, el combustible que mantiene encendida la ansiedad crónica.


Lo que solemos hacer (y por qué no funciona)

Cuando la ansiedad aparece, el instinto habitual es intentar controlarla o eliminarla. Y el perfeccionista suele recurrir a dos estrategias:

Hacer más y mejor, para asegurarse de que no habrá críticas ni errores. El resultado es el agotamiento, la sensación de que nunca termina, y una ansiedad que lejos de reducirse, aumenta con cada nuevo listón que se pone.

Evitar o posponer, para no exponerse al riesgo de fallar. El resultado es la procrastinación, la culpa, y una ansiedad que tampoco desaparece, sino que simplemente cambia de forma.

Ambas estrategias comparten un problema de fondo: tratan la ansiedad como algo que hay que eliminar antes de poder vivir. Y eso, paradójicamente, le da más poder.


Una mirada diferente: la terapia de aceptación y compromiso (ACT)

La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT, por sus siglas en inglés) forma parte de las llamadas terapias contextuales o de tercera generación, y propone una forma radicalmente distinta de relacionarse con la ansiedad y con los pensamientos perfeccionistas.

Su punto de partida no es eliminar el malestar, sino cambiar la relación que tienes con él.

Desde ACT, el objetivo no es dejar de sentir ansiedad, sino que la ansiedad deje de ser el jefe que decide lo que haces o dejas de hacer.

Esto se trabaja a través de varios procesos clave:

Defusión cognitiva. Los pensamientos perfeccionistas del tipo «tengo que hacerlo perfecto», «si me equivoco, fracaso» o «no soy suficiente» no son hechos. Son pensamientos. La defusión te ayuda a observarlos como lo que son, eventos mentales, sin fundirte con ellos ni obedecerlos automáticamente.

Aceptación. No como resignación, sino como apertura. Permitir que la ansiedad esté presente sin luchar contra ella, sin huir, sin que eso te impida actuar. La aceptación reduce el sufrimiento secundario, el que viene de pelear contra lo que sientes.

Valores como brújula. ¿Qué es importante para ti más allá del rendimiento? ¿Qué tipo de persona quieres ser en tu trabajo, en tus relaciones, en tu vida cotidiana? ACT te ayuda a conectar con eso y a que sea eso, y no el miedo al error, lo que guíe tus decisiones.

Acción comprometida. Moverse hacia lo que importa aunque la ansiedad esté presente. No cuando desaparezca, sino con ella, si hace falta.


¿Qué cambia con este enfoque?

Trabajar el perfeccionismo desde ACT no significa volverse descuidado ni conformista. Significa dejar de vivir en guerra contigo mismo.

Significa poder empezar cosas sin necesitar garantías de que saldrán perfectas. Poder equivocarte sin que eso se convierta en una crisis. Poder descansar sin sentirte en deuda. Poder hacer las cosas bien porque te importan, no porque temas las consecuencias de no hacerlas perfectas.

En consulta, este trabajo suele producir cambios que los pacientes describen de forma muy parecida: «Es como si hubiera bajado el volumen de esa voz que siempre me dice que no es suficiente.»


¿Cuándo buscar ayuda profesional?

El perfeccionismo se convierte en un problema que merece atención psicológica cuando interfiere de forma significativa en tu vida: cuando te impide disfrutar de lo que haces, cuando genera un nivel de ansiedad que te desborda, cuando afecta a tus relaciones, a tu sueño o a tu capacidad de tomar decisiones.

Si te reconoces en lo que describes este artículo y sientes que lo has intentado por tu cuenta sin conseguir salir del círculo, puede ser el momento de pedir ayuda.


Dónde encontrarme

Soy Blanca Izquierdo, psicóloga sanitaria con consulta en el Centro Comercial Colinas, local 47, San Antonio de Benagéber (Valencia), muy cerca de L’Eliana, La Pobla de Vallbona y Bétera. También ofrezco sesiones online para personas de cualquier punto de España.

Trabajo desde un enfoque contextual e integrador, con formación en terapias de tercera generación como ACT, para acompañar procesos de ansiedad, perfeccionismo, autoexigencia e imagen corporal.

Si quieres dar el paso, puedes contactar conmigo a través de la web o por WhatsApp. La primera consulta es el mejor momento para resolver tus dudas.


Blanca Izquierdo · Psicóloga sanitaria colegiada CV11519 · San Antonio de Benagéber, Valencia

La personalidad del perfeccionista

Seguro que conoces a alguien que cuida al detalle su trabajo, tanto que dedica horas a ello olvidando a su familia y amigos. Es perfeccionista y metódico hasta el punto de no saber salirse de su guión, de no considerar un atajo que le haga ganar tiempo o de no delegar sus tareas en otros porque «sabe» que no las van a hacer bien. Quizá conozcas a alguien moralista, inflexible con aquellos que no siguen las reglas establecidas (las que él/ella considere), que no hacen lo que un buen ciudadano debería hacer. Además seguro que has observado que esa persona tiene dificultades para expresar sus emociones y puede parecerte que es frío. De echo, tiende a racionalizarlo todo y así, con esas dificultades para conectar con su estado emocional y el de los demás, argumenta todas las situaciones y conflictos sin ser capaz de ver el tono emocional de la cuestión.

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En la cultura actual, sobre todo de occidente, se valoran rasgos como los que se acaban de mencionar. Así que, sobre todo los hombres, tienden a comportarse así porque está bien vista la meticulosidad, la autodisciplina, la organización, el autocontrol emocional, la constancia,…

Como en todos los trastornos de personalidad, se entiende que existe un contínuo desde la normalidad hasta la patología. De forma moderada estos rasgos pueden resultar positivos. ¿Y cuándo sabemos que han dejado de ser moderados? Pues cuando la frecuencia y la intensidad son tales que la vida personal, social y laboral de la persona se han visto afectadas, de modo que se haya ante un bloqueo emocional y cognitivo constante. Estamos ante un Trastorno de la Personalidad Obsesivo Compulsivo.

Si echamos un repaso a la literatura encontraremos que la mayoría de los autores psicodinámicos encuentran su origen en una infancia que, aunque no ha tenido porqué ser horrible, ha estado marcada por la rígidez de los padres que han podido emplear castigos desproporcionados y han sido excesivamente controladores. De modo que han aprendido que las cosas se deben realizar de una forma determinada porque sino se sentirán fracasados y los demás se darán cuenta de que no vale lo suficiente. Los autores cognitivos explican que la creencia nuclear de las personas con esta personalidad es el «debería» (esto debería ser así, las cosas deberían hacerse así, no debería ser débil, debería hacerlo todo bien…..¡Es agotador!). Esta creencia se ve reforzada por errores del pensamiento como los siguientes: verlo todo en blanco y negro, sin ser capaz de apreciar los matices (no ven que las cosas pueden ser extremadamente buenas, muy buenas, buenas, regulares, malas, muy malas o extremadamente malas), son catastrofistas así que cualquier error lo valoran de forma exagerada y, al contrario, pueden minimizar otros detalles, como por ejemplo el tiempo que están tardando al realizar algún proyecto debido al tiempo que han dedicado a perfeccionar otros aspectos.

Con estas características es fácil que aunmenten los conflictos personales, sobre todo de pareja, los conflictos en el trabajo y el malestar intrapsíquico, síntomas de ansiedad y depresión. Probablemente sean por estos motivos por los que acudan a un psicólogo, sin emargo será muy complicado hacerles ver que son sus patrones conductuales los que le están llevando a estos conflictos y a este malestar. Será muy difícil porque creerán que se está cuestionando su forma de hacer las cosas, y por lo tanto, sentirán que están fracasando.

Será muy últil trabajar aspectos como la relajación, la modificación de pensamientos distorsionados, el control de la preocupación y rumiación crónicas y la reestructuración de sus actividades para ayudarle a ser más productivo con menos esfuerzo y dando cabida a las actividades sociales y de ocio.

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Referencias:

  • Trastornos de la personalidad en la vida moderna. Theodore Millon
  • Terapia cognitiva de los trastornos de la personalidad. Aaron T. Beck

 

Maldita perfección

Alejate de la perfección, no la busques, no la admires, no la anheles,… porque, amigo mío, te voy a contar un secreto: ¡la perfección no existe!perfecto

Porque, ¿la perfección es igual para todo el mundo? ¿mi punto de vista sobre la perfección en una obra de arte, en un cuerpo, en las relaciones o en la sociedad es igual que el de mi vecino? ¿Me sentiré satisfecho del todo cuando creyendo que he alcanzado la perfección en mi trabajo, alguien lo tire por tierra o simplemente comente un aspecto a mejorar?

¡Huye! Estás a tiempo.

No solo no existe, sino que el simple hecho de soñar con ella frustra, angustia y hasta trastorna. Buscar la perfección en el  propio cuerpo puede causar trastorno dismorfofóbico o trastornos alimenticios. Buscar la perfección en el trabajo puede causar estrés. En otra persona, decepción. En la salud, hipocondría. Buscar la perfección del bienestar y temer salirse de la felicidad, puede causar ansiedad. En la limpieza, obsesiones y compulsiones. Buscar la perfección del cumplimiento de «los debería» ser así, comportarme asá, puede causar depresión. La lista es infinita.

Sí puedes tratar de cuidarte, de mantener una estabilidad emocional, de esforzarte en tu trabajo o de adaptarte a las normas sociales. Pero siempre teniendo una cosa bien clara: los límites de lo que está bien, o perfectisimamente bien, no están establecidos en ningún sitio. Porque sería imposible que todos los habitantes de este planeta estuviéramos de acuerdo. Entonces, ¿qué sentido tiene buscar la perfección?

Hazlo todo lo mejor que puedas, lo mejor que creas. Mantén la flexibilidad, la capacidad de corregir, de aceptar errores. Huye de los límites, de los objetivos estáticos y de la represión.

Te animo a pensar el daño que te ha hecho en tu vida buscar la perfección. Acepta que aquello no era posible y sugiérete otra forma de abordarlo.