Cómo ayudar a alguien en duelo

Cuando nos encontramos ante una persona que acaba de perder a un ser querido nos sentimos en la obligación de decir algo. Y no nos damos cuenta de lo contraproducente de nuestras palabras.

La sociedad ante el duelo

“A él no le gustaría verte así”, “hay que seguir adelante”, ” puedes tener más hijos”, “te compadeces de ti mismo”,…
Así, aunque de forma bien intencionada, lo que hacemos es animar a la persona a no sentir la pérdida. Como si fuera posible no sentir tristeza, rabia, culpa,… después de la muerte de un padre/madre, de un hijo, de un amigo.

Esta sociedad tolera muy mal el sufrimiento propio y ajeno y presiona para que te muestres fuerte y feliz pase lo que pase.

Sentir estás emociones no solo es normal sino necesario. Elaborar el dolor dará lugar a una mejor adaptación a la nueva vida sin esa persona.
La evitación de las emociones no ayudará en este proceso y puede terminar en un duelo complicado.

Supongo que te estarás preguntando: ¿Qué debo hacer entonces? ¿Dejar que sufra? ¿Cómo puedo ayudar a alguien que ha perdido a un ser querido?

El papel de alguien próximo a un persona en proceso de duelo es el acompañamiento

Estoy segura de que entiendes que el simple hecho de decirle a alguien que deje de estar triste no hace magia. Uno no deja de pasarlo mal por más que se lo repitan, ya quisiera esa persona que fuera así de sencillo. Estar triste, descolocado o incluso enfadado por el fallecimiento de alguien a quien queremos es lo esperable. Esta sociedad, sin embargo, tolera muy mal el sufrimiento propio y ajeno y presiona para que te muestres fuerte y feliz pase lo que pase.

Así es fácil que muchas personas ante una pérdida importante hagan ver cómo si no hubiera pasado nada, huyan a otros puntos geográficos donde haya ausencia de recuerdos, tiren absolutamente todos los recuerdos minutos después del trágico suceso,… Todo con el fin de no sentir. Pero esto es imposible, estamos configurados para sentir. Si todos los mamíferos muestran signos de malestar tras la pérdida de un animal próximo a ellos, ¿cómo va a ser diferente en nosotros?. Evitar esta realidad tarde o temprano puede traducirse en un trastorno emocional.

Entonces el papel de alguien próximo a un persona en proceso de duelo es el acompañamiento. Tan sencillo, y tan difícil a la vez. Acompañar quiere decir escuchar y facilitar la expresión de las emociones. Sin juzgar (esa es la parte más difícil porque juzgamos casi sin darnos cuenta). Acompañar también significa atender las necesidades de la persona: puede que en un primer momento no tenga fuerzas para ir a comprar, para limpiar, etc. O puede que necesite charlar, sin más. Acompañar quiere decir dar tiempo y espacio. Puedes proponer retomar actividades que hacía normalmente poco a poco. Proponer, no imponer. Y acompañar también quiere decir dar un abrazo, una caricia en el momento necesario. El contacto físico le ayudará a conectar contigo y poco a poco con la realidad actual.

Cuando la persona en duelo se haya recolocado, haya entendido cómo será la vida sin esa persona, haya visto quién adquirirá el rol dejado por la persona ausente, haya hecho su proceso de adaptación en definitiva, verás como va volviendo a su estado de ánimo normal y retoma su rutina y actividades anteriores.

En cualquier caso, ante cualquier duda o complicación, esto es algo que puede tratarse con un psicólogo, tanto en terapia presencial como en terapia online.

Puedo asesorarte en mi consulta en La Eliana o podemos hacer sesiones online.

Pero a partir de ahora ya lo sabes: permite a los demás sentir.

Relaciones de parejas: cuando termina el enamoramiento… (II)

Ayer comencé a hablar sobre las fases del amor en una relación de pareja y de lo importante que es trabajar la reciprocidad y la comunicación. Puedes volver a leerlo aquí. Así que hoy toca remangarse para ponernos a trabajar en nuestras relaciones.
Es importante recordar que lo que generalmente mantiene el problema es intentar cambiar al otro. La solución pasa por el esfuerzo en común, no por las habilidades individuales, ya que nos encontramos ante dos personas con necesidades diferentes, estilos diferentes de resolver problemas. Si sólo usamos nuestros propios criterios, ignorando los de nuestro compañero, causaremos insatisfacción.
Para recibir, primero hay que dar.
Reciprocidad
 

Supone una correspondencia mutua y aparece como resultado de la sensibilidad a las peticiones del cónyuge y del mutuo refuerzo de las conductas gratificantes. La reciprocidad se va retroalimentando como si se tratará de un círculo vicioso, en este caso positivo.

Lo mismo pasaría con las conductas coercitivas o degradantes. En este caso estaríamos hablando de un círculo vicioso negativo.
¡Recuerda! Las gratificaciones pueden ser expresiones verbales, conductas afectivas o acciones.
Para practicar en casa: 1. Escribir en tarjetas (de diferente color para cada persona) demandas específicas de gratificaciones que nos gustaría recibir. Meterlas en una cajita. 2. Cuando a uno de los dos le apetezca gratificar al otro, acudirá a la caja y buscará una demanda que crea que puede satisfacer. 3. Rellenar contínuamente la cajita con nuevas demandas.
Comunicación
 
Es común quejarse de la falta de comunicación. Nos hace sentir muy frustrados la sensación de que nuestra pareja no nos comprende o no nos escucha.
 
Es fundamental:
– Darse cuenta y reconocer los mensajes de la pareja: qué siente, qué pretende.
– Desarrollar una respuesta adecuada, teniendo en cuenta las posibles consecuencias.
– Tener en cuenta el lugar, el momento y la expresión verbal más adecuada
– Dar gratificaciones verbales, no darlas por supuestas.
Agradecer las gratificaciones recibidas, la ausencia bloqueará el círculo.
– Saber pedir cuando tenemos necesidades.
Expresar los sentimientos negativos, normalizarlos. Puede generar cambios positivos.
Empatizar, reconoce lo que puede estar sintiendo el otro.
Otras estrategias
 
– Planificar y redistribuir el tiempo libre individual y en pareja.
Resolver problemas entre los dos: generar soluciones posibles, decidir entre los dos, evaluar los resultados.
Negociar acuerdos sobre conductas deseadas, hacer algo por el otro. Ambos deberán salir ganando.

Tratamientos eficaces para el Trastorno Obsesivo-Compulsivo

El Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) es un trastorno de la ansiedad caracterizado por dos elementos principales:
  • Pensamientos obsesivos: de tipo egodistónico, es decir, que no están en armonía con el yo y están en conflicto con las necesidades y objetivos del ego. La persona comprende que esos pensamientos no son racionales.
  • Comportamientos compulsivos: actos repetitivos y estereotipados que pretenden calmar las obsesiones y la ansiedad asociada. Son conductas típicas lavarse las manos continuamente, poner en orden ciertos objetos, hacer comprobaciones, repetir palabras, etc.
Puede aparecer tanto en niños como en adultos y entre el 2 y el 3% de la población.
El Instituto Nacional de la Excelencia para la Salud y Atención del Reino Unido (NICE, National Institute for Health and Care Excellence) publicó en septiembre del 2013 una actualización sobre la evidencia disponible para el abordaje del TOC. Las recomendaciones para su tratamiento son:
  • En adultos:
    • La terapia de aceptación y compromiso puede mejorar los síntomas mejor que el entrenamiento en relajación progresiva.
    • El tratamiento farmacológico con sertralina y la terapia de grupo cognitivo-conductual alcanzan respuestas similares. Sin embargo, el número de pacientes que alcanzan remisión clínica es mayor con la terapia de grupo cognitivo-conductual.
  • En niños:
    • La terapia cognitivo-conductual familiar se asocia a mayores tasas de respuesta al tratamiento y a beneficios a largo plazo.
¿Qué es eso de Terapia cognitivo-conductual?
En TOC se trabaja sobre todo con una técnica llamada Exposición con Prevención de Respuesta. Ha mostrado muy buenos resultados y además, aplicada de forma intensiva (5 días/semana), puede provocar resultados positivos en menos de 4 semanas.
Se trata de exponer al paciente a ese miedo, preocupación o pensamientos que desencadenan las compulsiones pero sin permitir la realización de éstas. De este modo, las personas expuestas a este tratamiento aprenden a tolerar y afrontar la ansiedad generada. Estudios han mostrado que esta intervención provoca un aumento de la actividad del córtex cingulado anterior, implicado en la reevaluación y supresión de las emociones negativas.
¿Cómo puede ayudar la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT)?
 
En ACT se trabaja con una técnica de focalización atencional que pretende no bloquear la intrusión, aceptar que estamos pensando en ello y continuar con nuestra actividad. El entrenamiento atencional se basa en tomar conciencia de que escapar de los pensamientos y emociones negativas no es un buen afrontamiento, así como centrarse en el ahora, en la aceptación y en la focalización sensorial de los estímulos que interfieren.
Aquí podéis ver un vídeo en el que podéis ver una intervención de Exposición con Prevención de Respuesta.