¿Luchando contra la ansiedad? Por qué dejar de pelear es el primer paso (Enfoque ACT en San Antonio de Benagéber)

Sentir ansiedad es, en esencia, como estar atrapado en arenas movedizas. Cuanto más pataleas y te desesperas por salir, más rápido te hundes. En mi consulta en San Antonio de Benagéber, veo a diario a personas agotadas, no por la ansiedad en sí, sino por la energía monumental que gastan intentando que desaparezca.

La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) propone un giro radical: ¿Y si el problema no es la ansiedad, sino lo que haces para no sentirla?


La trampa del «Control»

La mayoría de los tratamientos convencionales se centran en reducir los síntomas. ACT, sin embargo, nos enseña que el control es a menudo el problema. Cuando te dices «no puedo estar nervioso en esta reunión», tu cerebro se pone en alerta máxima para vigilar si estás nervioso, lo que —adivina— genera más nerviosismo.

En lugar de luchar, trabajamos en tres pilares fundamentales:

  1. Defusión Cognitiva: Aprender a ver tus pensamientos como lo que son (palabras e imágenes) y no como verdades absolutas o amenazas reales.
  2. Aceptación: No es «aguantarse», sino hacer espacio a la emoción para que deje de estorbarte.
  3. Acción Comprometida: Preguntarte: «A pesar de este nudo en el estómago, ¿qué es importante para mí hoy?»
Infografía sobre terapia ACT en San Antonio de Benagéber, que incluye pasos para lidiar con la ansiedad, como cambiar de perspectiva, aceptar emociones y vivir plenamente.

«La libertad no es la ausencia de ansiedad, sino la capacidad de caminar hacia lo que valoras mientras la sientes.»

¿Por qué buscar terapia ACT en Valencia?

La ansiedad suele estrechar nuestro mundo. Dejamos de ir a lugares en Valencia, La Eliana,… evitamos reuniones sociales o posponemos proyectos profesionales. El objetivo de nuestro trabajo en Blanca Izquierdo Psicología no es que seas una persona «sin miedos», sino que seas una persona que vive la vida que desea, incluso con el miedo bajo el brazo.

3 Claves para empezar hoy mismo

Si te encuentras en un momento de crisis, intenta estos cambios de perspectiva:

  • Ponle nombre al proceso: En lugar de decir «Estoy angustiado», prueba con «Estoy teniendo el pensamiento de que algo malo va a pasar». Nota la distancia.
  • La técnica del invitado no deseado: Imagina que la ansiedad es ese vecino pesado que llega a tu fiesta. No te gusta que esté ahí, pero si pasas toda la noche intentando echarlo, te perderás tu propia fiesta. Déjalo sentado en un rincón y vuelve con tus invitados.
  • Conecta con tus valores: ¿Qué harías hoy si la ansiedad no fuera un impedimento? Haz una acción pequeña, aunque sea mínima, en esa dirección.

¿Hablamos?

Si sientes que tu mundo se ha vuelto pequeño por culpa de la evitación, estoy aquí para ayudarte. En mi consulta de psicología en San Antonio de Benagéber, trabajamos con herramientas científicas para que la ansiedad deje de conducir tu vida.


¿Y si tu cuerpo fuera un lugar donde estar en paz?

Hola,

Hoy quería plantearte una mirada diferente… tu cuerpo, como tu casa.

Nos enseñaron a mirar el cuerpo desde fuera: como una silueta que encaja o no encaja, como algo que mostrar, cambiar o esconder.

Pero pocas veces nos invitan a habitarlo.

El cuerpo no es una vitrina. Es una casa.

Un lugar al que llegas cuando respiras profundo.

Cuando te recoges en el pecho, cuando aflojas la mandíbula, cuando te quedas contigo.

Cuando en vez de exigirte, te sostienes.

Y si lo piensas… ¿qué pasaría si, en lugar de pelearte con tu cuerpo, empezaras a tratarlo como un hogar?

Vamos a hacer un pequeño ejercicio: “El cuerpo como casa”

Durante el día de hoy, presta atención a estos momentos:

Cuando te estiras al despertar.

Cuando saboreas algo que te gusta.

Cuando sientes alivio al descansar.

Cuando abrazas o te abrazan.

Cuando respiras y te das cuenta.

📝 Al final del día, escribe tres gestos o momentos en los que tu cuerpo te haya cuidado, acompañado o sostenido.

No tienen que ser grandes cosas. A veces basta con notar que sigues aquí.

✨ Y entonces, quizás, te des cuenta de esto:

Que si tu cuerpo te permite tanto —andar, sostener, sentir, vivir—, también merece que lo cuides.

Merece descanso, no solo esfuerzo.

🍃Así que hoy ofrécele: cremas suaves, manos que acaricien, agua fresca, alimento nutritivo, movimiento que le siente bien.

Merece no ser castigado.

Merece respeto.

Merece ternura.

Porque no solo eres mente. No solo eres emociones.

También eres piel que siente. Y te acompaña.

Te leo si quieres compartir cómo te ha resonado.

Y si este camino de reconciliación con tu cuerpo te toca, en los próximos días seguimos caminándolo juntas.

Con cariño,

Blanca.

¿Cómo te miras cuando te miras?

Hola,

¿Te has parado a pensar cuánto influye la forma en que te miras en cómo te sientes cada día?

La imagen corporal no es solo el reflejo que devuelve el espejo. Es también esa voz interna que opina, compara, exige o celebra. Es el peso (o la ligereza) con la que habitamos nuestra piel.

Y a menudo, sin darnos cuenta, esa imagen se convierte en una jaula silenciosa.

✨ Trabajar en la relación con nuestro cuerpo no es un acto frívolo. Es un camino hacia la libertad.

Es poder moverse con más presencia. Vestirse sin esconderse. Aparecer en una foto sin querer borrarse. Gozar de un día de playa sin taparse. Disfrutar del cuerpo como un lugar donde vivir, no como un objeto que juzgar.

🌿 Pequeño ejercicio de observación: “¿Cómo me veo cuando me miro?”

Busca un momento tranquilo.

Mírate al espejo o elige una fotografía reciente donde aparezcas.

Escucha lo primero que piensas. ¿Dónde va tu mirada? ¿Qué te dices? ¿Hay crítica, ternura, indiferencia?

Haz una pausa. Pregúntate: ¿Esa voz es realmente mía? ¿O la heredé de otros (familia, sociedad, redes)?

Cambia de lente. Mira tu cuerpo como a una amiga. ¿Qué parte de ti te ha sostenido últimamente? ¿Qué lugar de tu cuerpo te ha permitido disfrutar, descansar o expresarte?

No se trata de gustarse a toda costa. Se trata de empezar a ver con otros ojos.

Una mirada más amable. Más tuya. Más libre.

Te leo si te apetece compartir.

Y si este tema te remueve o te interesa, seguirás recibiendo más recursos, reflexiones y ejercicios como este.

Un abrazo,

Blanca.

Tareas del duelo

El duelo no es un estado, tampoco una enfermedad. El duelo es un proceso por el que pasan las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido. No hay unas etapas fijas o unas reglas definidas. Se cree que, con el tiempo, se debe pasar por la aceptación y la adaptación y esto requerirá elaborar el reconocimiento de la realidad, del dolor, del significado de la pérdida y vincularse de una manera sana y segura con el fallecido.

No existe un tiempo establecido en el que se considere que se ha superado el duelo por la muerte de un ser querido. Unas personas pueden lograrlo en 6 meses, otras en un año. Y algunas, en los casos más complicados, pueden tardar más de dos años.

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Un buen indicador de que este momento ha llegado es cuando la persona afectada logra hablar del fallecido sin dolor, sin sensaciones físicas como la opresión en el pecho o el llanto. También es un indicador muy importante el hecho de que la persona en duelo es capaz de nuevo de conectar con la vida, con aquello que le importa y con las personas de su alrededor.

Para llegar a este punto, las personas en proceso de duelo habrán logrado hacer lo que J. William Worden tareas del duelo. Para este psicólogo experto en el tratamiento del duelo, estas tareas son cuatro:

1. Aceptar la perdida: cuando un ser querido muere siempre hay una sensación de irrealidad (esto no puede estar pasando). Así que la primera tarea consistirá en asumir que esto es real e irreversible, ya no voy a poder reencontrarme más con esta persona.

En ocasiones ocurre que las personas que han perdido a un familiar o amigo tienden a negar que esto ha ocurrido y se atascan en esta primera tarea. Una de las formas en que esto ocurre es la negación de la realidad, puede verse cuando se conserva la habitación del fallecido tal cual la dejo por si acaso volviera, o cuando se ve al fallecido reencarnado en uno de sus hijos. Estos comportamientos pueden ser normales a corto plazo pero a largo plazo dificulta la aceptación de la pérdida.

Otra forma de negar la pérdida, es negando su significado quitándole importancia (no estábamos tan unidos, no eran tan buena persona,…) En este caso, al contrario que en el anterior, es posible que se deshagan en seguida de los objetos del fallecido para minimizar la pérdida.

Por otro lado, la negación de la irreversibilidad puede verse reflejada en frases como “no quiero que estés muerto”, “no quiero que mueras” o en la esperanza de poder contactar con el fallecido a través del espiritismo. Todo, de nuevo, comportamientos que impiden la aceptación.

Al tratar de hacer conscientes a las personas de esta realidad será importante tener en cuenta que la aceptación no solo debe ser intelectual, sino que también debe haber una aceptación emocional. A veces las personas en duelo pueden ser conscientes de que esto es algo irreversible pero tienen algunas conductas como palpar el lado de la cama en el que dormía el marido fallecido con la esperanzo de poder tocarlo. Esto puede ser un indicador de que esa aceptación emocional todavía no se ha alcanzado.

2. Reconocer el dolor: si el dolor de la pérdida no se reconoce se manifestará con síntomas físicos o con algún tipo de conducta anormal. Cualquier cosa que permita a la persona evitar o suprimir el dolor de la pérdida alargará el proceso del duelo.

La sociedad, por lo menos la occidental, no favorece en nada este reconocimiento. A menudo nos sentimos mal ante el dolor ajeno y tratamos de “ayudarles a no sentir”: no tienes porque estar en duelo, eres joven y puedes tener más hijos,, hay que seguir adelante,… Así la persona en duelo, refuerza sus pensamientos sobre que no debería sentirse así, y que no tendría por qué pasar el duelo.

Así la negación en este caso tiene el objetivo de no sentir, no pensar. Se pueden emplear estrategias como la distracción, estimular solo pensamientos agradables, evitar recuerdos, o el consumo de alcohol o drogas. Otras personas tratan de encontrar una “cura geográfica” y huyen a otro país buscando alivio.

Si no se aborda esta tarea de la forma adecuada es probable que la persona necesite terapia más adelante.

3. Adaptarse al mundo sin el fallecido: hay tres tipos de adaptaciones a valorar:

  • Adaptaciones externas: cómo influye la muerte en el comportamiento del día a día de la persona. Educar sola a unos hijos, enfrentarse a una casa vacía, llevar en soledad la economía familiar o tareas que antes solía hacer el cónyuge por ejemplo. El superviviente no suele ser consciente de todos los roles que asumía el fallecido hasta un tiempo después de la pérdida. Redefinir la pérdida de modo en que pueda redundar en un beneficio para el superviviente (porque adquiero nuevas habilidades, porque me siento eficaz) puede suponer haber logrado esta tarea.
  • Adaptaciones internas: cómo influye la muerte en la imagen que tiene la persona de sí misma. Muchas veces la definición que hacemos de nosotros mismos viene determinada por la función que tenemos con respecto a los demás, por ejemplo una mujer que se define como madre, cuidadora, cariñosa,… Así uno de los objetivos es que sea vea como una persona independiente que puede desarrollar sus habilidades o sus valores en otras áreas de su vida o con otras personas.
  • Adaptaciones espirituales: cómo influye la muerte en las creencias, los valores y los supuestos sobre el mundo. La muerte puede poner en entredicho que el mundo es un lugar seguro, bueno o justo, que la vida tiene sentido y que la persona misma es importante.

No llevar a cabo esta tarea puede suponer el aislamiento, sin afrontar las exigencias de sus propias necesidades y del día a día.

4. Hallar una conexión perdurable con el fallecido: hallar un lugar para el fallecido que permita al superviviente seguir vinculado a él pero sin que esto le impida seguir con su vida. Poder recordarlos pero siguiendo con nuestra vida. La tarea del psicólogo será la de ayudar al afectado a encontrar una forma de conectar con el fallecido sin que esto le permita seguir viviendo en el mundo de forma adecuada.

Estas tareas no son fijas, pueden abordarse varias al mismo tiempo, y no hay un tiempo establecido para cada una. Influirán diversos mediadores como la edad, el tipo de apego con el fallecido, la personalidad,…

En definitiva, aceptar la pérdida, reconocer el dolor, adaptarse a la vida y encontrar una forma de conectar con el ser querido fallecido sin que me impida continuar viviendo van a ser las tareas fundamentales para superar el proceso de duelo.

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Si crees que alguna de estas fases se te atrabanca, si sientes que desde que faltó esa persona no consigues continuar viviendo con normalidad, es buena idea acudir a un psicólogo. Para trabajar las tareas del duelo puedes hacerlo tanto de forma presencial en mi consulta de psicología en Valencia (San Antonio de Benagéber) o de forma online, la terapia online puede estar indicada para estos casos.

Perdón

Fuente de este artículo: María Prieto-Ursúa, Mª José Carrasco Galán, Virginia Cagigal de Gregorio, Elena Gismero González, Mª Pilar Martínez Díaz e Isabel Muñoz San Roque. Clínica Contemporánez. El perdón como Herramienta clínica en terapia individual y de pareja.  Vol. 3, Nº2, 2012, pp 121-134.

A lo largo de tu vida, es probable que te hayas visto o te vayas a ver dañado por un familiar, por un amigo o por tu pareja. Un daño, una traición, una acción que nos ha hecho sentirnos mal y que nuestra primera reacción es la de no perdonar. Esto quiere decir que va a haber diferentes respuestas:

  • En nivel emocional sentiremos dolor, rabia, tristeza,…
  • En nivel cognitivo representaciones ofensivas del ofensor, pensamientos de venganza, de incomprensión, planteamientos de si tú como víctima has tenido alguna culpa e incluso de finalización de la relación.
  • En nivel conductual puede haber evitación o distanciamiento o, por lo contrario, confrontación.

Estas experiencias que resultan desagradables para quien las padece pueden ser mitigadas, no siendo necesario perdonar si no se desea. Se puede aceptar el daño recibido, hacer re-atribuiones de los sucesos y circunstancias relacionadas, manejar el estrés o aprender a manejar la ira. El perdón solo será un recurso más.

pedón

Al proceso de perdón se puede llegar de diferentes formas:

  • Según la respuesta que empleemos: conductal (reconciliarse), emocional (dejar ir los sentimientos desagradables) o cognitiva (pensamientos determinados sobre el hecho o el ofensor)
  • Según la dirección del cambio: negativo (se abandonan o reducen las respuestas conductuales, emocionales y cognitivas negativas) o positivo (aparecen respuestas positivas).
  • Según su orientación: centrada en sí mismo o centrado en el otro.

Así, llegar a perdonar se podrá hacer de múltiples formas. No hay una forma correcta pues cada individuo encontrará su forma de hacerlo.

Clasificación del perdón:

Diferentes autores proponen distintos conceptos de perdón

  • Perdón intrapersonal o unilateral: se completa enteramente en el indivíduo dañado, no necesita de nada ni depende de la posición del agresor. Perdonar será totalmente independiente de las acciones del agresor en el pasado, en el presente y en el futuro. La persona que perdona no busca nada del otro.
  • Perdón interpersonal o perdón negociado: El perdón adquiere la función de reparación del daño o de la relación. El agresor admite la acción ofensiva, asume la responsabilidad y expresa arrepentimiento. Muchas personas estarían dispuestas a perdonar si se dieran estos pasos.
  • Perdón a uno mismo: intentará evitar pensamientos, sentimientos o situaciones asociadas a la agresión. Tratar de hacer actos de reparación a la víctima o decidir no volver a cometer la agresión nunca más. Para perdonarse a uno mismo sera imprescindible la reconciliación, no así para perdonar a otros.
  • Falso perdón: el agresor mantiene su dominio y se promueve el mantenimiento del daño. Perdonar no es olvidar ni continuar como si no hubiera ocurrido nada. El perdón debe ocurrir desde una posición de fuerza no de debilidad porque el perdonador reconoce una injusticia y la considera en lo que es. Lo peligroso del falso perdón son la manipulación, la negación, la evitación, la injusticia o la cronificación del daño.

Intervención en el perdón.

En general, las distintas intervenciones que se han propuesto tienen en común el trabajo sobre los siguientes puntos:

  • Reconocer la existencia de la ofensa y su importancia: ver la ofensa con perspectiva evitando la negación de la violación de la relación tanto como la magnificación del daño. Reducir los sentimientos de victimización innecesarios.
  • Intentar considerar el punto de vista del ofensor: permite a la víctima reconocer y modificar los patrones destructivos que perpetúan actos injustos y el «entendimiento» que reconoce las limitaciones del agresor sin quitarle responsabilidad. Así se podrán llegar a patrones relacionales alternativos.
  • Sentir empatía con el agresor: aquellos sujetos que logran perdonar al ofensor tienen altos niveles de empatía. Las disculpas y la expresión de arrepentimiento tienen un efecto facilitador de empatía. Ver el malestar del agresor por su acción nos ayuda a ponernos en su lugar y a hacer reatribuciones más positivas.
  • Recordar ocasiones en las que nosotros mismos hemos sido ofensores y nos hemos sentido agradecidos por recibir el perdón de otros.

Efectos del perdón

En general los resultados de los estudios sugieren que las intervenciones que promueven el perdón pueden llevar a reducir los efetos negativos para la salud mental del no perdonar (estrés y disfunción) y producir incrementos en la auto-estima y la esperanza.

El perdón en las parejas aumentaría la satisfacción marital, el compromiso o el manejo de conflictos.

¿Por qué él afronta tan bien esta situación y yo tan mal?

¿Qué hace que una persona ante una determinada situación actúe de una manera determinada y otra persona, ante esa misma situación, actúe de otra completamente distinta?

Laura acaba de realizar una presentación oral en el trabajo, tenía que presentar el nuevo producto para la temporada 2018-2019 a los clientes de su empresa. Su jefe, que ha prestado atención a su exposición, la ha felicitado por su trabajo pero también le ha recomendado que la próxima vez trate de mantener un mayor contacto visual con el público. Laura se ha sentido bien al recibir la felicitación y ha decidido mejorar el contacto ocular para que la próxima presentación salga todavía mejor.  En otro turno, es Marta quien realiza la presentación del nuevo producto. Al finalizar, su jefe que estaba igualmente presente, la ha felicitado por su presentación y le ha aconsejado exactamente lo mismo que a Laura, que aumente el contacto visual con sus oyentes. Marta se ha venido abajo, cree que toda la presentación ha sido un fracaso y que a su jefe no le ha gustado como lo ha hecho. No se cree que capaz de mejorar el contacto visual y está empezando a sentir nervios cuando piensa en la siguiente presentación.

¿Qué ha pasado por la mente de Marta? ¿Y por la de Laura?

Veamos otro ejemplo. Observa la siguiente escena.

Escena ambigua
Escena ambigua

Un chico, sentado en el sofá de su casa, ha recibido una llamada y parece que lo que le han dicho, de algún modo, le ha emocionado. No sabemos en qué sentido. ¿A ti que te sugiere? ¿Te ha venido a la mente una mala noticia? ¿En qué aspectos te has fijado? ¿Y cómo crees que se sentirá el chico con esa interpretación?

Intenta darle la vuelta, y piensa en otra alternativa, una positiva. ¿Es posible que esté llorando por una buena noticia? ¿Cómo crees que se siente el chico con esta nueva interpretación? Intenta dar todas las alternativas que creas posibles.

Es posible que si hoy tienes un estado de ánimo decaído hayas dado una interpretación negativa de esta escena y al revés, si tienes un ánimo positivo hayas visto una alternativa de carácter alegre. Lo que está claro es que nuestro estado de ánimo y nuestros pensamientos se retroalimentan entre sí. Los expertos han observado que las personas con trastornos emocionales tienden a realizar interpretaciones negativas en las mayoría de las situaciones que viven.

El problema no es la evaluación negativa que hacemos de la situación. De hecho, en muchos casos esto puede resultar beneficioso para prevenirnos de peligros y amenazas. Por ejemplo, si viene un coche a una rápida velocidad dirigido hacia mí, el pensamiento de «me va a atropellar» me invitará a apartarme lo más rápido que pueda. Pero en otros muchos casos, si lo hacemos de forma repetitiva y en situaciones equivocadas, puede resultar perjudicial.

Imagina que Marta, la chica que creyó que fracasó en su presentación oral, comenzara a pensar que cada vez que tiene que hablar en público, en reuniones sociales o con desconocidos las personas van a pensar que no tiene habilidades para comunicarse, que es aburrida, etc. y esto hace que evite continuamente la mirada de los demás porque así se siente más cómoda. Y con el tiempo no sólo evita la mirada, sino que también evita relacionarse en este tipo de situaciones. Probablemente terminaría perdiendo el trabajo y las amistades, disminuiría su tiempo de ocio, perdería oportunidades, etc.

Marta sólo se centró en un aspecto de la valoración que su jefe hizo de su trabajo. Obvió todo lo demás. Por lo que las posibilidades de ampliar el abanico de diferentes interpretaciones de la situación se cerró. Se mostró rígida en su capacidad de evaluar la situación y esto influyó notablemente en su estado de ánimo.

Tener la capacidad de identificar nuestros pensamientos ante las diferentes situaciones que nos causan malestar nos da la oportunidad de valorar qué interpretaciones estamos realizando. En el caso, de que nos hayamos cerrado en banda con una única opción, es interesante reevaluar nuestros pensamientos y valorar la posibilidad de que existan otras interpretaciones. No se trata de que elimines de pronto esa interpretación negativa (porque sabemos que no podemos controlar nuestros pensamientos) sino simplemente de que aceptes otras alternativas, y de que coexistan juntas.

Por eso, cuando acudes a la consulta de un psicólogo, éste te enseñará a identificar tus pensamientos automáticos para que puedas valorar otras posibilidades. Juntos os daréis cuenta de si esta forma que tienes de valorar las situaciones son errores del pensamiento. A menudo tendemos a sobreestimar la ocurrencia de eventos negativos, aunque no haya ninguna evidencia para ello. Otras veces tendemos a catastrofizar: si pasa eso tan malo que estaba pensando, no voy a poder soportarlo, no podré hacerle frente. Ante estos pensamientos, es seguro que me sentiré temeroso, inútil y triste. Por eso es tan interesante aumentar nuestra flexibilidad cognitiva (la capacidad para valorar otras alternativas), porque esto nos dará margen para afrontar las situaciones desde otra perspectiva y, por supuesto, con otro estado de ánimo.